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Archivos de la categoría ‘PSICOLOGÍA- CEREBRO’

El IQ es una medida de referencia, pero de ninguna manera limita o determina la capacidad de las personas. Un psicólogo se dedicó a demostrar lo que hace que la gente con bajos niveles de IQ pueda ser excelente en muchas labores.

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El mito del IQ reproduce un patrón de exitismo y lo liga a la percepción de éxito que puede tener una persona sobre sí misma, dependiendo de su inteligencia intelectual –sin embargo, recordemos que no es el único tipo de inteligencia que existe, y mucho menos el único que importa; en el caso de los niños, encerrarse en la valoración de un número puede incluso tener repercursiones en su autoestima y la formación de su subjetividad. El psicólogo de la Universidad de Nueva York, Scott Barry Kaufman, analiza este fenómeno en su libro Ungifted: Intelligence Redefined, donde cuestiona la idea de que sólo las personas con altos índices de coeficiente intelectual son creativos o dotados de cualidades deseables.

 Tus debilidades pueden estar ligadas a tus fortalezas

En su libro, Kaufman afirma que diagnósticos como el de dislexia o autismo, que en nuestra sociedad son percibidas como enfermedades o padecimientos, de hecho pueden ser ventajosas. Las personas con autismo han demostrado ser excelentes en actividades de programación, y la gente con dislexia parece tener un nivel más alto que el promedio en cuanto a inteligencia espacial. Algunos disléxicos famosos como Picasso, Da Vinci, Andy Warhol o Tommy Hilfiger cuestionan la idea de discapacidad y aportan un nuevo sentido a la noción políticamente correcta de capacidades diferentes.

Inspiración, inspiración, inspiración

La capacidad de poner nuestra atención y energía en un proyecto o trabajo depende de la administración efectiva de nuestros recursos psíquicos. La gente con altos niveles de inspiración, dice Kaufman, es la que logra llevar a sus últimas consecuencias un proceso. Después de todo una idea revolucionaria es sólo una primera parte del proceso creativo; la capacidad de trabajar y dedicar tiempo y atención a ella será la diferencia al final. El novelista Henry Miller solía decir “cuando no puedes crear, puedes trabajar”, en el sentido en que si la inspiración falla, la disciplina y la capacidad de realizar tareas pendientes también aportan estructuralmente al proceso.

Empoderamiento y autonomía

Kaufman analizó estudios donde se demostró que los estudiantes aprendieron mejor cuando se les hizo sentir que tenían opciones sobre los posibles cursos de acción. En lugar de pedirles que obedecieran órdenes o instrucciones (con frases como “debes hacer” o “es necesario que…”), se obtuvieron mejores resultados en las pruebas cuando se les decía “puedes hacer” o “puedes elegir”. La capacidad para dirigir los propios esfuerzos (además de la capacidad de empoderar a otros, como los dirigentes o gerentes que permiten que sus empleados tengan autodeterminación sobre su propio trabajo) genera una sensación de autonomía que puede ser muy motivante.

Deja de hablar mal de todo

Aprendemos por repetición, así que si un niño crece escuchando de sus padres y maestros que puede hacer determinada tarea, su desempeño será mejor que el de un niño cuyas capacidades no se fomentan. Todos tenemos un censor o un narrador malintencionado que nos dice todo lo que está mal respecto a nosotros y al mundo. Este mecanismo de defensa evolutivo es beneficioso porque nos alerta de áreas grises y de oportunidad para mejorar, pero es diferente la autocrítica que el autosabotaje. No se trata de un lavado de cerebro, simplemente de hacerse conciente de que la atención que le prestamos al autosabotaje y la autodenigración se repetirá como un patrón autoaprendido, que puede desactivarse tomando conciencia de la dirección de nuestra atención.

[Co.Create]

http://pijamasurf.com/2013/06/contra-el-iq-ser-consciente-de-tus-habilidades-y-estar-inspirado-es-mas-importante-que-un-alto-coeficiente-intelectual/

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La gente con altos niveles de coeficiente intelectual no es la que puede producir más información, sino, al contrario, la que tiene la capacidad de dejar fuera del espectro de su percepción grandes cantidades de información inútil.

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El índice de coeficiente intelectual (IQ) funciona para darnos una medida de la inteligencia de una persona en un momento dado. Según este, un puntaje mayor indica mayor inteligencia. Si tomamos eso como base, un estudio publicado en la revista Current Biology afirma que la gente con niveles altos de IQ son más selectivos al procesar información proveniente de los sentidos.

Duje Tadin de la Universidad de Rochester afirma que “no es solamente que la gente con alto IQ sea mejor en percepción visual; en lugar de ello, su percepción visual discrimina más. Son excelentes al ver pequeños objetos móviles, pero tienen dificultades en percibir movimientos grandes y de fondo.”

Para llegar a esta conclusión se pidió a un grupo de personas que observaran videos en una pantalla que mostraban barras moviéndose; la tarea era decir si dichas barras se movían a derecha o izquierda. El resultado mostró que la gente con IQ alto identificaba más rápidamente la dirección de las barras que aquellos con bajo IQ. Esto era lo esperable. Pero lo sorprendente, según Tadin, fue que al realizar la misma prueba con objetos grandes que se movían lentamente, las personas con IQ comenzaron a tener problemas.”

“Hay algo en los cerebros de los individuos con alto IQ que no les permite ver rápidamente los movimientos grandes y de fondo.” No se trata de una estrategia consciente, sino de una manera de descartar información que no es relevante, con lo que la atención está disponible para percibir los pequeños y perceptibles cambios en la pantalla, pero no los que llevan más tiempo, según el investigador.

Esto se explica como la capacidad para bloquear elementos distractores del entorno, lo cual se vuelve de gran utilidad en un mundo poblado de distractores potenciales, es decir, la capacidad para elegir qué información del entorno es relevante y procesable, lo que ayudaría a entender por qué existen cerebros que son más eficientes que otros.

[Psy Post]

http://pijamasurf.com/2013/06/la-gente-con-alto-iq-sabe-bloquear-grandes-cantidades-de-informacion-innecesaria/

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Los rituales son una constante en prácticamente toda cultura; su efectividad comienza a ser confirmada por la ciencia, lo cual refuerza su naturaleza como importantes herramientas para programar la realidad.

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A lo largo de la vida vamos acuñando ciertas secuencias de comportamiento que, por diversas razones, consideramos particularmente propicias para enfrentar con éxito determinadas circunstancias. Durante la historia humana estos protocolos conductuales sintonizados con un marco simbólico, que comúnmente llamamos rituales, han desempeñado un papel de notable relevancia en prácticamente toda cultura —ya sean estos colectivos o individuales, con fines religiosos o mundanos, verbales, corporales, abstractos, etc.

Para entender qué es un ritual, es importante diferenciarlo de, por ejemplo, un hábito. Aquí entra en juego el valor simbólico que se le asigna a dicho acto, más allá de su simple repetición. Los rituales generalmente se construyen en torno a un cierto código referencial, un marco cultural, ya sea religioso, ideológico, comunitario, tradicional, histórico, o incluso íntimo, y comúnmente conllevan una cierta dosis catártica, asociada por cierto con la programación, a voluntad, de las circunstancias.

Ritualidad contemporánea  

En la sociedad contemporánea los rituales están orientados a fortalecer potenciales beneficios, según el contexto y el deseo intencionado: ya sea que se trate de reforzar nuestra confianza en un momento decisivo —por ejemplo al instante de cobrar un penalty o de hacer una presentación frente a una audiencia—, reducir nuestra ansiedad ante un escenario ‘indeseable’, agudizar nuestra lucidez o desempeño físico ante un reto especial o, por qué no, fertilizar el entorno para que nos favorezcan las fuerzas involucradas metafísicamente.

Si bien en las antiguas sociedades el ritual era generalmente ejercido de acuerdo a un objetivo místico, medicinal, o ligado a actividades como el cultivo de la tierra, la cacería, o el acto de emprender un viaje, lo cierto es que ese hábito nos fue heredado —o quizá incluso es parte de la esencia de nuestra psique—, y en la actualidad millones de personas, sin importar contextos socioculturales o geográficos, recurren a estas prácticas.

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Aquí me gustaría enfatizar en la diferencia entre rituales institucionales y aquellos que, aunque no sean necesariamente individuales, mantienen en cambio una genuina disposición para realizarse, independiente de herencias culturales o predisposiciones psicosociales. Es cierto que la esencia del ritual esta ligada en buena medida a un marco colectivo y tradicional, pero aquellos protocolos individualizados, es decir los generados por una persona como reforzamiento íntimo, tienen una fuerza al menos tan significativa como los otros.

Los beneficios del acto ritual

Analizados desde una perspectiva racional, los rituales parecerían supersticiosas extravagancias, actos incoherentes diseñados para mitigar nuestro temor o nuestra ignorancia ante una situación determinada. Sin embargo, si realmente el ritual fuese un recurso poco efectivo, ¿cómo podría haber sobrevivido su práctica a lo largo de decenas de generaciones?

Estudios recientes han demostrado que los rituales pueden traducirse, con notable efectividad, en beneficios concretos. Una pareja de científicos conductuales, Michael I. Norton y Francesca Gino, investigadores de la Harvard Business School, se dedicaron a analizar las consecuencias de llevar a cabo rituales frente a situaciones emocionalmente demandantes.

Despedir a un ser querido o terminar con una relación significativa, es un acto que entre múltiples culturas inspira la necesidad de un ritual. En uno de sus experimentos, Norton y Gino pidieron a los voluntarios que escribiesen sus memorias alrededor de este tipo de experiencias,  algunas de ellas incluyeron rituales y otras no. Tras analizar las crónicas, los académicos detectaron un evidente patrón: aquellos que ritualizaron su experiencia experimentaron menor sufrimiento por la pérdida en cuestión. Posteriormente realizaron una dinámica similar pero ante una pérdida mucho menos entrañable, un sorteo donde se rifaban 200 dólares, y obtuvieron los mismos resultados: aquellos que realizaron un ritual tras conocer su derrota experimentaron menor frustración.

Otra investigación, realizada en Brasil por miembros del Departamento de Psicología de la Universidad de Texas, se propuso determinar qué tipos de ritual eran más efectivos y, sobre todo, detectar los patrones que compartían aquellos protocolos que gozaban de mayor éxito. Los brasileños recurren con frecuencia a las simpatias, rituales formulados para resolver problemas, curar males, o alejar la mala suerte. Los investigadores notaron que dentro de la percepción popular, aquellos procedimientos que incluyen mayor cantidad de pasos o que involucran más variables, que tienen que realizarse a cierta hora del día o en un lugar específico, se asumen como más efectivos. Lo anterior sugiere que la minuciosidad de la secuencia de algún modo fortalece el acto ritual.    

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El simbolismo como ingeniería existencial

La ritualidad nos remite a la idea de que nuestra realidad es aquello que somos capaces de platicar sobre ella –el lenguaje como ingeniero de mundos. El recurrir a rituales es un acto estrechamente ligado a la metaforización de la realidad, asignar valores específicos a cada uno de los elementos que componen el protocolo, los cuales están enlazados bajo correspondencias analógicas a fenómenos tangibles. A fin de cuentas los humanos somos seres esencialmente simbólicos, y al adjudicar un cierto sentido a objetos, acciones, o seres, entre otros, construimos patrones simbólicos que terminan por animar nuestro universo.

Una herramienta para editar la realidad

Creo que el acto ritual es una especie de software que configuramos para programar nuestra voluntad alrededor de una meta concreta. Para ello apelas a fuerzas o variables ‘invisibles’, a un engranaje etéreo al cual consideras, consiente o inconscientemente, responsable de una porción decisiva de la realidad. Y precisamente esto es lo que más me apasiona del fenómeno, ya que representa una intersección entre la metafísica y los alcances del yo (voluntad, confianza, talento), por un lado implica humildad, en el sentido de que depositas confianza en fuerzas que están más allá de ti, pero ello no excluye la responsabilidad de aquel que protagoniza el acto. Sin duda Michael Jordan no se convirtió en lo que fue por el simple hecho de jamás haber jugado un partido sin portar debajo de su jersey de los Bulls, una camiseta del equipo de su universidad, North Carolina. Pero este ingrediente indudablemente reforzó, en momentos clave, el principal motor de su éxito, su talento y dedicación.

Continuando con esta premisa, el ritual es una de las más elegantes herramientas de auto-programación que tenemos a nuestro alcance. Además me parece que conlleva una actitud bastante sana, aunque no siempre consciente, asociada con la sacralización del entorno. Los rituales fortalecen el tejido simbiótico al interior de una comunidad (llámese equipo, tribu, ejército, etc), y también nos ayudan a perfilar, con mayor agudeza, nuestra intención frente a un objetivo determinado.

Si les resuena el tema les recomiendo que ritualizen sus vidas, que busquen configurar sus protocolos personales para sortear momentos especiales, que recuerden que si bien ‘la voluntad mueve montañas’, al incluir un ritual de por medio esos mismos montes podrían danzar. A fin de cuentas nada es verdad, pero todo es sagrado.

 Twitter del autor: @paradoxeparadis 

http://pijamasurf.com/2013/05/los-rituales-que-son-y-por-que-funcionan/

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Mejorar las habilidades sociales no solo te ayudará a convertirte en una persona más agradable sino que te abrirá muchas puertas en la sociedad e incluso te reportará beneficios a nivel psicológico ya que te hará sentir más seguro de ti y más satisfecho con la vida.
Afortunadamente, las habilidades sociales son formas de actuar que se aprenden a lo largo de la vida, no son innatas sino que, si nos esforzamos, podemos desarrollarlas de adultos. Básicamente, existen unas habilidades sociales básicas (que serían: saber escuchar, hacer las preguntas adecuadas, saber cómo comenzar y terminar una conversación…) y hay unas habilidades más complejas (aceptar las críticas, saber pedir ayuda, convencer a los demás a través del discurso…).
Mejorar las habilidades sociales, tanto las básicas como las más complejas, es esencial en nuestra sociedad  ya que prácticamente todo nuestro día a día se basa en la comunicación interpersonal. Ya no estamos en el tiempo de las cavernas cuando la fuerza y las habilidades físicas eran fundamentales, hoy la sociedad valora mucho más la inteligencia y la sociabilidad.
Por eso, en esta oportunidad me gustaría compartir algunas sencillas técnicas para mejorar las habilidades sociales. Te bastará aprenderlas, analizar la situación y aplicarlas siempre que sea necesario.
1. La técnica del disco rayado: consiste en repetir una y otra vez, como si fuésemos un disco rayado, nuestra opinión. Esta técnica es particularmente útil con los vendedores pero también para enfrentar a aquellas personas que intentan desvirtuar la conversación por otros derroteros, quizás en porque intentan convencernos de una idea diferente a la nuestra, una idea que en realidad no nos interesa. De esta manera le estamos demostrando, sin alterarnos, que tenemos un objetivo bien preciso y estamos dispuestos a seguirlo.
2. Aserción negativa: quien haya pasado por un tribunal de tesis, seguramente conocerá esta técnica pero lo cierto es que también es muy útil en otros contextos, sobre todo cuando la otra persona tiene más poder de decisión que nosotros. Consiste, básicamente, en buscar un punto en común con la crítica que realiza la otra persona, dándole parte de la razón y, a la misma vez, exponiendo otro punto de vista.
Por ejemplo, tu pareja te recrimina porque llegaste muy tarde a casa: “Tenías que haber llegado más temprano, tu actitud es inconcebible…
A lo que podemos responderle: “Es cierto que he llegado tarde (aserción) pero teniendo en cuenta que casi nunca salgo (el otro punto de vista), no pensé que fuese un problema para ti”.
3. La técnica del sándwich: el principal objetivo de esta técnica es hacer llegar una crítica y lograr que esta sea bien recibida. Para ello, comenzamos puntualizando un aspecto positivo, a continuación mencionamos algo que se podría mejorar y terminamos con unas palabras de ánimo.
Por ejemplo: “Ya sé cuánto te has esforzado por terminar este proyecto. No obstante, creo que podrías prestarle un poco más de atención a (crítica). Estoy segura de que muy pronto conseguirás mejorar ese aspecto. Tienes mucho potencial”.
4. Repetir los mensajes de la otra persona: el error más común de las personas que se sumergen en una discusión es parapetarse detrás de su punto de vista. Con esta técnica, le estarás demostrando al otro que escuchas sus puntos de vista y los comprendes. En realidad, te bastará retomar sus palabras, sobre todo las que se relacionan con las emociones.
Por ejemplo: “Sé que te sientes molesto porque (la causa) y lo comprendo perfectamente…
5. Dar afecto: quizás te parecerá una tomadura de pelo pero lo cierto es que la inmensa mayoría de las personas reacciona de forma positiva ante el afecto por lo que esta es una de las principales habilidades sociales a desarrollar.
Dar afecto no significa que debemos besar a un desconocido sino que debemos demostrar con nuestro lenguaje extraverbal que la apreciamos como persona y que estamos abiertos al diálogo. Para ello es fundamental dar un apretón de manos cordial, esbozar una sonrisa siempre que la situación lo permita, mantenernos ligeramente inclinados en actitud de atención y, sobre todo, jamás cruzar los brazos a la altura del pecho.

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En la prueba de cociente intelectual de Mensa (una asociación internacional de superdotados) Neha Ramu, de 13 años y natural de Londres, alcanzó la máxima puntuación posible, superior incluso a la de Einstein.

Pero la chica no se considera digna de tal comparación. “Stephen Hawking y Albert Einstein han logrado cosas que yo ni siguiera puedo soñar, por lo que no creo que sea correcto compararme con ellos solo por mi cociente intelectual”, dijo Ramu en una entrevista a la cadena BBC.

“Si yo no me esfuerzo para sacarle provecho, mi coeficiente intelectual no sirve para nada”, agregó.

El coeficiente intelectual (CI) de Neha Ramu es de 162 puntos. Las personas cuyo CI supera los 140 puntos son consideradas genios, explican los expertos.

Si yo no me esfuerzo para sacarle provecho, mi coeficiente intelectual no sirve para nada

“Creo que nunca voy a dejar de aprender. Siempre seré curiosa y siempre querré saber cómo funcionan las cosas”, indicó Ramu.

Entre los pasatiempos favoritos de la adolescente figuran la lectura y el ajedrez, así como mirar la tele, salir con sus amigos y nadar.

Ramu no es la única joven británica con un cociente intelectual tan alto. Lauren Marbe, de 16 años, asombró a sus profesores y compañeros al lograr una puntuación de 161 en la prueba de Mensa. Alice Amos, una niña de 3 años de origen ruso, sorprendió al mundo al obtener 162 en la prueba intelectual.

http://actualidad.rt.com/sociedad/view/96909-adolescente-coeficiente-intelectual-einstein

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¿Hasta qué punto la ingeniería neuronal podría hacer del nuestro un mundo más sano y seguro, y cuánta de nuestra libertad individual estaríamos dispuestos a perder para alcanzarla?

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La neuróloga Kathleen Taylor de la Universidad de Oxford sorprendió a los asistentes al Festival Literario de Hay, en Gales, cuando anticipó que durante los próximos sesenta años la ciencia del cerebro tratará los fanatismos religiosos como hoy en día trata las enfermedades mentales.

La doctora Taylor igualó las creencias “nocivas” de las personas con enfermedades psíquicas, refiriéndose específicamente a la radicalización de los cultos religiosos y las ideologías que  promueven comportamientos o soluciones violentas a conflictos.

“No hablo sólo de los candidatos obvios, como el Islam radical o cultos más extremos”, dice la investigadora, “hablo sobre cosas como la creencia de que está bien golpear a tus hijos. Estas creencias son muy dañinas y no son categorizadas normalmente como enfermedad mental.”

En su libro The Brain Supremacy (“La supremacía del cerebro”), Taylor afirma que los neurólogos de las próximas décadas no pueden evadir el tomar una posición moral respecto a la manipulación del cerebro humano. “Las tecnologías que cambian profundamente nuestra relación con el mundo a nuestro alrededor no pueden ser simplemente herramientas para el bien o el mal si alteran nuestra percepción mágica de lo que es el bien y el mal.”

¿Será que lo único que la ciencia podrá ofrecer para mejorar –o sin ir tan lejos, para comprender– el comportamiento humano serán nuevos diagnósticos para nuevas enfermedades? Debemos pensar que hace poco el médico Leon Eisenberg, quien describió el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) por primera vez durante los años 60, confesó que se trataba de una “enfermedad ficticia”; la película Hysteria (estelarizada por Maggie Gyllenhall) sugiere que el tratamiento prescrito a finales del siglo XIX, a saber, la masturbación del sexo femenino en condiciones clínicas, también se encaminaba a patologizar el deseo sexual femenino, un tema tabú en la sociedad victoriana.

Por otra parte, ¿hasta qué punto el interés por interpretar de manera transparente la conducta y las intenciones de los seres humanos obedece a una neurosis generalizada de seguridad, tal vez una ola más del tsunami que pasó sobre la historia moderna desde el 9/11? ¿Qué criterio determinará qué prácticas sociales pueden ser calificadas de extremistas o radicales y cuáles pueden ser admitidas, de modo que los derechos civiles sean respetados, pero también las libertades de culto y expresión?

La pregunta que debemos tener en mente es por los alcances últimos de la ingeniería de la conducta y sus peligros, que han sido abordados más ampliamente por la ciencia ficción que por la ciencia “como tal” (que muchas veces se disfraza a sí misma de ficción.)

[Raw Story]

http://pijamasurf.com/2013/06/neurociencia-pretendera-curar-los-fanatismos-religiosos-sobre-los-limites-de-la-ingenieria-cerebral/

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(CNNMéxico) — El abuso sexual y el maltrato emocional durante la infancia influyen en el desarrollo de las regiones del cerebro especializadas en la autoconciencia y la sensación genital en la etapa adulta, según un nuevo estudio.

Un equipo internacional de investigadores descubrió que cambios específicos en la corteza cerebral reflejan la naturaleza del abuso durante la niñez, de acuerdo con el estudio publicado este 1 de junio enAmerican Journal of Psychiatry.

El equipo, liderado por Christine Heim, directora del Instituto de Medicina Psicológica de la Universidad de Medicina Charité de Berlín, y Jens Pruessner, director del centro McGill para Estudios en Envejecimiento de la Universidad McGill de Montreal, examinó los cerebros de 51 mujeres jóvenes sobrevivientes a diversas formas de abuso durante su niñez.

Los hombres cuentan sus historias de abuso sexual infantil

El cerebro, al igual que los músculos, se desarrolla a través del uso: las áreas que se “ejercitan” más, suelen ser más gruesas.

Los científicos encontraron que la corteza es más delgada en las áreas del cerebro que procesan el tipo de abuso. Por ejemplo, cuando las mujeres sufrieron abuso sexual, la corteza somatosensorial —que representa a los genitales— es más fina.

“Si el abuso fue de tipo sexual, hemos visto cambios en la corteza somatosensorial, el área (del cerebro) que procesa la entrada desde el cuerpo para crear sensaciones y percepciones”, dijo a Time.com Jens Pruessner, profesor asociado de psiquiatría de la Universidad McGill en Montreal.

Consejos para proteger a tu hijo del abuso sexual.

Las mujeres que fueron maltratadas emocionalmente tienen una corteza más delgada en las zonas del cerebro asociadas con la autoconciencia, la autoevaluación y la regulación emocional, según la escuela de Medicina Miller, de la Universidad de Miami, cuyo investigador Charles B. Nemeroff participó en el estudio llamado Disminución de la representación cortical de campo somatosensorial genital después de abuso sexual infantil.

El abuso emocional podría generar la propensión a la depresión, mal humor y respuestas emocionales extremas, aunque depende de la persona y de circunstancias particulares, reportó Time. “Como adultos, (tienen dificultad) reflexionar sobre sí mismos y encontrar la manera correcta de tratar con las emociones”, agregó Pruessner.

El descubrimiento permitirá “desarrollar nuevas terapias para intervenir en la reducción de la carga psiquiátrica de tales traumas que dura a menudo toda la vida”, según Nemeroff.

¿Cómo reconocer las señales de abuso sexual?

Los investigadores afirman que ese adelgazamiento de la corteza le sirve al niño como escudo contra los abusos, ya que el cerebro deja desatendida esas áreas. Sin embargo, la mayoría de los sobrevivientes de abuso no presentan síntomas. De hecho, la investigación muestra que el cerebro puede cambiar drásticamente cuando se le proporciona apoyo y sustento emocional.

http://mexico.cnn.com/salud/2013/06/06/diversas-formas-de-abuso-en-la-infancia-cambian-la-estructura-del-cerebro?utm_source=feedly&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+cnnmexico%2Fportada+%28Noticias%29

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Neurocientíficos de la Carnegie Mellon 

University

 han descubierto una nueva fase intermedia del desarrollo neuronal en el que la exposición repetida a un estímulo reduce la sinapsis. Los hallazgos aparecen publicados en el Journal of Neuroscience.

Es bien sabido que la sinapsis del cerebro, las conexiones entre las neuronas y otras células que permiten la transmisión de la información, crecen cuando se exponen a un estímulo. Mas una nueva investigación en el laboratorio de Carnegie Mellon por la profesora Asociado de Ciencias Biológicas Alison L. Barth, ha demostrado que a corto plazo, las sinapsis se vuelven aún más fuertes de lo que se pensaba, pero luego pasan rápidamente a través de una fase de transición en la que se debilitan.

“Cuando piensas en el aprendizaje, uno cree que es acumulativo. Pensamos que las sinapsis comenzaron pequeñas y luego van haciéndose más y más grandes. Este no es el caso”, dijo Barth, miembro de la Carnegie Mellon / 

University

of Pittsburgh Center para los fundamentos neurales de la cognición. “Según nuestros datos, parece que las sinapsis que se han fortalecido recientemente son especialmente vulnerables y que más estimulación, en realidad, puede hacer desaparecer los efectos del aprendizaje.

“Los psicólogos saben que el entrenamiento espaciado de larga duración de la memoria, como el estudio para tus clases después de todo un largo semestre, es superior a abarrotarse la noche antes del examen”, reseñaba Barth. “Este estudio demuestra por qué. Justo después de la plasticidad, las sinapsis son muy frágiles, y más entrenamiento durante estas fases lábiles resulta contraproducente.”

En investigaciones anteriores en el laboratorio de Barth, quedaron establecidos los mecanismos bioquímicos responsables del fortalecimiento de la sinapsis en la corteza cerebral, la parte del cerebro responsable del pensamiento y el lenguaje, pero sólo midieron las sinapsis después de 24 horas. En el estudio actual, la estudiante de post-doctorado Jing A. Wen investigó cómo se desarrollaron las sinapsis a lo largo de esas primeras 24 horas de exposición a un estímulo, usando de modelo a un ratón transgénico especializado creado por Barth. El modelo siente sus alrededores utilizando únicamente el bigote, lo que altera su percepción del entorno y crea un desequilibrio sensorial que aumenta la plasticidad del cerebro. Dado que cada bigote está vinculado a un área específica de la corteza, los investigadores pueden seguir fácilmente los cambios neuronales.

Wen descubrió que durante el primer día de aprendizaje, las sinapsis pasan por tres fases distintas. En la fase inicial, la plasticidad sináptica se ve estimulada por los +receptores NMDA. Durante las siguientes 12 horas, las sinapsis se van haciendo más y más fuertes. A medida que se repite el estímulo, los receptores NMDA cambian su función y empiezan a debilitar las sinapsis en una fase que los investigadores han llamado la fase lábil. Tras unas pocas horas de debilitamiento, otro receptor, el mGluR5, inicia una fase de estabilización durante el cual las sinapsis mantienen su resistencia residual.

Además, los investigadores encontraron que podían mantener un estado súper-activación hallado al comienzo de la fase lábil parando por completo el estímulo o inyectando un fármaco antagonista del receptor de glutamato justo en el momento óptimo. Estos hallazgos son análogos a los que se observan en muchos estudios psicológicos que utilizan el entrenamiento espacial para mejorar la memoria.

“Si bien los cambios sinápticos pueden ser de larga duración, encontramos que en este período inicial hay una serie de cosas con las que podíamos jugar”, señaló Barth. “El descubrimiento de esta fase lábil sugiere que hay maneras de controlar el aprendizaje a través de la manipulación de las vías bioquímicas que mantienen la memoria.”


- Esta investigación ha sido financiada por National Institutes of Health (DA-0171-88).
- Fuente: Carnegie Mellon University.
- Imagen: Anónimo.

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Se cree que en un futuro la inteligencia artificial igualará a la humana para posteriormente superarla. Sin perder más tiempo, los científicos han presentado los desafíos que tienen que superar y han advertido del largo camino que tienen por delante.

En el Festival Mundial de la Ciencia, celebrado en Nueva York, un grupo de expertos analizó durante la sesión ‘Arquitectos de la mente: un plan para el cerebro humano’ los desafíos a los que se enfrenta la ciencia y la tecnología en el campo de la inteligencia artificial. La revista ‘Live Science’ detalla los cuatro grandes retos analizados por los científicos para desarrollar un cerebro digital.

1. El cerebro no es un ordenador

El neurobiólogo Douglas Fields, del Instituto de Salud Infantil y Desarrollo Humano de EE.UU., cree que “es humillante” darse cuenta de que el cerebro digital no puede funcionar como los de los humanos, pues estos —dice— “no funcionan como computadoras”.

Fields explicó que, aunque en parte el cerebro se comunica a través de impulsos eléctricos, hay que tener en cuenta que se trata de un órgano biológico compuesto de miles de millones de células sin cables, sin código digital y sin programas.

2. Se necesita una mejor tecnología

Kristen Harris, neurocientífica de la Universidad de Texas, comentó que uno de los errores que comenten los investigadores es pensar que una sola célula cerebral tiene el poder equivalente a una computadora portátil. La especialista advirtió que los procesos que intervienen en cada célula individual ilustran “una complejidad abrumadora”.

Por su parte, Murray Shanahan, profesor de robótica cognitiva, destacó los estudios de algunos científicos sobre el cerebro y en el campo de la informática. Sin embargo, Shanahan sostuvo que repetir el proceso de todo un cerebro con la tecnología actual conllevaría mucho tiempo, dado que es necesario comparar billones de conexiones de diferentes cerebros para entender mejor su funcionamiento.

3. Las neuronas no son la respuesta a todo

Incluso si las máquinas llegasen a tener todos los billones de conexiones neuronales que existen en el cerebro humano, los científicos todavía tendrían que descifrar cómo esos enlaces influyen en el comportamiento humano.

Así, Fields advirtió que las neuronas sólo representan el 15% de las células del cerebro y habló de las células conocidas como ‘gliales’. El neurobiólogo subrayó que durante mucho tiempo se pensó que las células gliales proporcionaban un soporte nutricional para las neuronas, pero estas células —explicó— podrían estar implicadas en una comunicación cerebral vital que —afirma— no es ni eléctrica ni sináptica.

Fields acentuó que la comunidad científica ha detectado cambios en las células gliales en pacientes con epilepsia o la enfermedad de Parkinson, y que en el cerebro de Einstein estas células eran más grandes y más complicadas que las que se encuentran en un cerebro normal. En conclusión, un estudio profundo de las células gliales podría abrir nuevos horizontes para el desarrollo del cerebro digital humano.

4. El cerebro es parte de un gran cuerpo

Gregory Wheeler, filósofo y científico informático de la Universidad Carnegie Mellon, explicó que al estudiar el cerebro de forma aislada se está ignorando la información que llega del resto del cuerpo.

“En lugar de modelar el cerebro sin un cuerpo, los científicos deberían ponerlo en un cuerpo, en el cuerpo de un robot”, sostuvo Wheeler.

La idea de desarrollar un cerebro humano digital es pretensiosa si se tiene en cuenta que nuestro cerebro presenta unos 100.000 millones de neuronas y 100 billones de conexiones. En la actualidad se llevan ya varias investigaciones. Por ejemplo, la Comisión Europea destinó a finales de enero una subvención de 500 millones de euros al científico suizo Henry Markram para llevar a cabo un ambicioso proyecto de simulación del cerebro humano por ordenador.

http://actualidad.rt.com/ciencias/view/96424-cerebro-humano-digital

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Un estudio muestra que la visión imaginaria del cuerpo propio no altera la capacidad de sentir el tacto o la temperatura

Científicos de la Universidad de Barcelona han estudiado si verse a uno mismo en un cuerpo virtual altera la capacidad de sentir la temperatura o las sensaciones reales del cuerpo, y han comprobado que no, que el cerebro unifica el cuerpo que ve con los ojos (el virtual) con las sensaciones reales que recibe con el cuerpo real.

Una investigación ha puesto de manifiesto la relación entre la propiedad del cuerpo y la sensibilidad térmica mediante la realidad virtual. Las conclusiones del estudio se recogen en un artículo publicado en la revista Journal of the Royal Society Interface y firmado por investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona.

La investigación, explica la nota de prensa de la UB, ha demostrado que es posible sustituir el cuerpo real de una persona por uno virtual que únicamente es visible en la realidad virtual.

A las personas que participaron en el experimento se les colocó un aparato en la cabeza que les permitía ver un mundo virtual a su alrededor, de manera que cuando miraban hacia abajo veían un cuerpo virtual en lugar de su propio cuerpo.

Asimismo, si se miraban en un espejo virtual, veían el cuerpo virtual reflejado. Cuando los participantes movían su mano, veían cómo su mano virtual hacía el mismo movimiento.

El principal interés de los investigadores era analizar si la propiedad del cuerpo virtual suponía una negación del cuerpo real. Investigaciones anteriores han demostrado que, en el fenómeno denominado ilusión del brazo de goma, los participantes pensaban que las manos de goma eran sus propias manos, y sus manos reales experimentaban un descenso de temperatura. Por lo tanto, los científicos afirmaron que el cerebro niega la mano real, favoreciendo así a la mano de goma.

En lugar de medir la temperatura corporal, los investigadores midieron la sensibilidad que los participantes mostraban a pequeñas variaciones de temperatura que se producían en sus manos reales. Su hipótesis era que si negaban su propio cuerpo, como consecuencia de la propiedad del cuerpo virtual, serían menos sensibles a las pequeñas variaciones de temperatura que experimentara su mano real.

Sin embargo, los resultados demostraron que únicamente eran menos sensibles a los cambios de temperatura cuando no tenían la ilusión de la propiedad del cuerpo virtual. Por lo tanto, pudo establecerse una correlación entre la fuerza de la ilusión y la sensibilidad a los cambios térmicos. En otras palabras, cuanto mayor era la ilusión de propiedad, menos probable era una menor sensibilidad a las variaciones.

Unificación en el cerebro

La investigación concluye que el cuerpo virtual y el real se unifican en una única percepción. El cuerpo real proporciona información sobre la propiedad del cuerpo y las percepciones táctiles, mientras que el cuerpo virtual da información visual sobre el cuerpo, de manera que el cerebro infiere una única representación del cuerpo a partir de ambas percepciones.

El análisis de los cambios en la propiedad del cuerpo mediante realidad virtual es fundamental para entender cómo el cerebro hace una representación del cuerpo. Esta investigación ha contribuido a aumentar el conocimiento en este ámbito y ha proporcionado un indicador objetivo de propiedad corporal que puede contribuir a las diferentes formas de rehabilitación neuropsicológica conocidas hasta el momento.

Los autores del estudio son Joan Llobera, doctorando del Grupo de Investigación Entornos Virtuales en Neurociencia y Tecnología Experimental de la UB (EventLAB) e investigador del Laboratorio de Neurociencias Cognitivas de la Escuela Politécnica Federal de Lausanne, y Maria V. Sanchez-Vives y Mel Slater, ambos directores del eventLAB. Sánchez Vives es, además, profesora ICREA y responsable del equipo IDIBAPS Neurobiología de Sistemas.

Referencia bibliográfica:

Joan Llobera, M. V. Sánchez Vives y Mel Slater. The relationship between virtual body ownership and temperature sensitivity. Journal of the Royal Society Interface (2013). DOI: 10.1098/rsif.2013.0300.

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Científicos canadienses están desarrollando un ordenador que podría leer los pensamientos, algo que ayudaría a comunicarse con la gente en estado vegetativo.

Un equipo de científicos de la Universidad de Western Ontario, Canadá, ha utilizado técnicas de neuroimagen para leer pensamientos humanos tras diferenciar la actividad cerebral que transfieren las respuestas específicas “sí” o “no”, informan en un artículo publicado en la revista ‘The Journal of Neuroscience’.

Según ellos, esta investigación podría conducir a una nueva y única forma de comunicarse con los pacientes en estado vegetativo.

“La interpretación del pensamiento humano tras la actividad cerebral, sin recurrir a la palabra o a la acción, es una de las fronteras más provocadoras y desafiantes de la neurociencia moderna. En particular, los pacientes que están plenamente conscientes y despiertos, pero que debido a un daño cerebral no pueden mostrar ninguna capacidad de respuesta conductual, exponen los límites del sistema neuromuscular y necesitan formas alternativas de comunicación”, explica la líder del equipo, Lorina Naci.

Los participantes del experimento dirigido por los científicos tenían que centrarse en las respuestas “sí” o “no” a preguntas como: “¿Está usted casado?” o “¿Tiene hermanos y hermanas?”. Los voluntarios sólo tenían que pensar en su respuesta, pero sin pronunciarla.

Como resultado del experimento el nuevo equipo pudo decodificar el 90% de las respuestas de los voluntarios, la mayoría de las cuales fueron transmitidas en unos tres minutos, durante el escaneo cerebral.

“Los puntos fuertes de esta técnica son especialmente su facilidad de uso, ya que no necesita mucha energía para funcionar, y la detección rápida, lo puede maximizar las posibilidades de que cualquier paciente sea capaz de lograr una comunicación basada en el cerebro”, dijo Lorina.

El equipo de Naci ya está probando su tecnología para comunicarse con los pacientes en estado vegetativo privados de la capacidad de responder que podrían estar mal diagnosticados.

http://actualidad.rt.com/ciencias/view/96262-disenan-dispositivo-comunicarse-pacientes-coma

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Científicos comprueban que la glándula pineal, el mítico asiento del terecer ojo, produce DMT, una de las sustancias psicodélicas más poderosas y enigmáticas del planeta.

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Desde el trabajo científico del Dr. Rick Strassman en la década de los 90 administrando DMT se había popularizado la creencia de que el DMT se secretaba en el cerebro humano dentro de la glándula pineal. Strassman había sugerido la hipótesis de que el DMT se generaba en esta glándula, considerada históricamente como el asiento del tercer ojo  pero no había ninguna prueba hasta el reciente trabajo del Dr. Jimo Borjihin de la Universidad de Michigan.

La investigación publicada en la revista Biomedical Chromatography documenta la presencia de DMT en las glándulas pineales de ratas vivas. Según los investigadores el descubrimiento de la glándula pineal como fuente de DMT  ”refuerza la idea del rol de esta enigmática glándula en estados de conciencia inusuales”. Se ha vinculado al DMT con la generación de imágenes en los sueños, con los estados de conciencia que generan las experiencias cercanas a la muerte y todo tipo de experiencias místicas.  El Dr. Strassmann llamó al DMT, “la molécula del espíritu”, aludiendo al llamado terecer ojo u ojo espiritual donde se ubica el 6 chakra ajna en algunos sistemas budistas,. Strassman incluso vinculó la formación de la glándula pineal, la cual se vuelve patente a los 49 días de desarrollo fetal, con la reencarnación, ya que este periodo de tiempo es el mismo que, según el Libro Tibetano de los Muertos, tarda un alma en volver a habitar un cuerpo.

El siguiente paso es determinar si existe presencia de DMT en el fluido cerebroespinal, la cual podría ser una ruta para que la síntesis de DMT pineal afecte la función cerebral.

{Cottonwood Research Foundation]

http://pijamasurf.com/2013/05/la-molecula-del-espiritu-comprueban-que-el-dmt-se-produce-en-la-glandula-pineal/?utm_source=feedly

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Neuronas

El neurólogo Henri Markram ha conseguido una aportación de 1.000 millones de euros otorgados por la Comisión Europea (CE) para tratar de conseguir un cerebro artificial que recree el cerebro humano.

En 2009, en la TED Conference de Oxford, Markram hizo pública su intención de crear una inteligencia artificial que recrease el cerebro humano e introducirla en un supercomputador que discurriese de forma independiente, como una persona.

El doctor Markram está convencido de que si la ciencia no ha conseguido simular aún un cerebro humano de forma fiel es por “falta de ambición”. De esta forma, él está convencido de poder simular las funciones de los 86.000 millones de neuronas en el cerebro humano y las 100 billones de conexiones que se establecen.

Una vez construido ese cerebro artificial, sería posible averiguar las causas de las enfermedades cerebrales o alumbrar una nueva generación de robots y tecnologías inteligentes.

Markram está convencido de que con la tecnología actual es posible recrear con fidelidad el comportamiento del cerebro humano. Su proyecto se ha ganado el apoyo de importantes figuras como el neurólogo ganador del Nobel Torsten Wisley o el co-fundador de Sun Microsystems Andy Bechtolsheim.

Investigación con ratas

El Swiss Federal Institute of Technology en Lausanne ha visto futuro en las investigaciones de Markram en los últimos años. Allí ha recreado, junto con un grupo de 15 investigadores postdoctorales, el comportamiento de una porción de un millón de neuronas del neocortex de la rata que será simulado por el superordenador IBM Blue Gene.

La investigación de Markram no garantiza que se pueda escalar esta recreación a un cerebro completo y menos aún que se pueda llegar a reconstruir un cerebro humano, mucho más complejo. Además, si se llegara a simular el cerebro humano con fidelidad, tampoco existe la certeza de que se comporte realmente como lo hace un cerebro humano. En este sentido, Markram explica que “la única forma que hay de averiguar eso es construyéndolo”.

Markram ha convencido e implicado de alguna forma a 6.000 investigadores y ahora es cuando vendrá su prueba de fuego. A principios de este año, la Comisión Europea decidió concederle 1.300 millones de dólares (1.005 millones de euros) para desarrollar su proyecto.

El profesor de Caltech Chrostof Koch, director científico en el Allen Institute for Brain Science en Seattle, opina no obstante que hay demasiadas cosas que no sabemos aún“. Como ejemplo, apunta que “la oruga de tierra tiene exactamente 302 neuronas y aún no tenemos ni idea de cómo funciona este animal”.

http://www.20minutos.es/noticia/1826797/0/cientifico-millones-ce/crear-superordenador/replica-cerebro-humano/

 

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No importa de qué se trata, si es un par de pantalones, un coche o incluso una casa, en el mismo momento en que compras algo, en ese preciso instante en que el objeto pasa a ser tuyo, en tu mente algo cambia: el objeto sufre una transformación.

Cuando compras algo, su valor aumenta. Es decir, no aumenta su valor real sino el valor que tú percibes que tienes. Si en ese mismo momento alguien que lo quisiera comprar, probablemente tendría que pagarte al menos un tercio por encima de lo que tú mismo has acabado de pagar.
En 2009 investigadores de la Universidad de Harvard hicieron un experimento muy curioso que demuestra el cambio de valor que sufren nuestras posesiones. En el experimento se les pidió a dos personas que pujaran por una taza. Lo curioso fue que a quienes se les había regalado una taza idéntica, estaban dispuestos a pagar mucho más por comprar aquella otra taza. Es algo bastante descabellado puesto que lo lógico sería pensar que ya tenemos una pero ya sabemos que nuestra mente no siempre sigue derroteros lineales.
Esta también es la razón por la cual, muchas personas venden sus casas o coches a precios que están por encima de la media del mercado (o por lo menos lo intentan). A confirmar este fenómeno viene un experimento realizado en el año 2000.
En esta ocasión a algunos participantes les regalaron unos boletos para un partido de baloncesto y les dijeron cuánto costaban. A la otra mitad del grupo también se les dijo su precio pero no se los dieron inmediatamente sino que les dijeron que se los darían al final del experimento. Inesperadamente, aparecía alguien que estaba dispuesto a comprarle los boletos. Como ya podrás presuponer, quienes tenían los boletos en mano pidieron 14 veces más que su precio original.
Obviamente, en estos casos, la persona aún no ha establecido un vínculo emocional con el objeto. Es decir, no es como la casa de familia en la cual crecimos o el súeter que usábamos cuando nos dieron el primer beso. Con estos objetos aún no hemos vivido una historia que nos vincule emocionalmente; sin embargo, el mero hecho de ser sus propietarios ya aumenta su valor ante nuestros ojos.
¿Por qué?
En realidad la explicación es mucho más sencilla de lo que podríamos esperar. Cuando compramos algo, este objeto no es una simple propiedad, pasa a ser una extensión de nuestro “yo”, expresa quienes somos y lo que nos gusta. Por ende, aunque no tengamos ningún vínculo emocional en el sentido más estricto del término, no estamos dispuestos a renunciar tan fácilmente a lo que ya es una parte de nuestro mundo.
Fuentes:
Morewedgea,C. K. et. Al. (2009) Bad riddance or good rubbish? Ownership and not loss aversion causes the endowment effect. Journal of Experimental Social Psychology; 45(4): 947–951.
Carmon, z. & Ariely, D. (2000) Focusing on the Forgone: How Value Can Appear So Different to Buyers and Sellers. Journal of Consumer Research; 27(3): 360-370.

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A la psiquiatría hace tiempo que se le ve el plumero. Son tantas las enfermedades y trastornos que se describen en sus manuales que hoy en día lo raro es no tener nada.

Después de hacer saltar las alarmas al incluir las rabietas en el último Manual de PediatríaDSM (la biblia de los psiquiatras) y después de ver como el gobierno estadounidense declara en un informe que 1 de cada 5 niños tiene un trastorno de la salud mental, cifras que parecen un insulto al sentido común de la población, porque es imposible que tantos niños estén mentalmente enfermos, aparecen unas declaraciones de Leon Eisenberg, el psiquiatra que “descubrió” el TDAH, que no dejan indiferente a nadie que viva o trabaje con niños.

El semanario alemán Der Spiegel, en un artículo en que ponía en relieve el aumento de enfermedades mentales en la población alemana, explicó que Eisenberg dijo, siete meses antes de morir, cuando contaba ya con 87 años, que “el TDAH es un ejemplo de enfermedad ficticia”.

Los inicios del TDAH

Los primeros intentos por tratar de explicar que había niños con TDAH sucedieron en 1935. Por aquellos tiempos, los médicos habían tratado por primera vez a niños de primaria con un carácter inquieto y con dificultad para concentrarse en lo que se les pedía, bajo el diagnóstico de síndrome post-encefálico. Fue un intento que no cuajó porque claro, la mayoría de esos niños nunca habían tenido encefalitis.

En los años sesenta apareció el protagonista de nuestra historia, Leon Eisenberg, quien volvió a hablar de dicha enfermedad, pero esta vez con otro nombre, “reacción hipercinética de la infancia”. Bajo dicho diagnóstico pudo tratar a alumnos difíciles, probando diferentes psicofármacos con ellos. Empezó con dextroanfetamina y luego utilizó el metilfenidato, droga con la que consiguió su objetivo y que hoy en día prevalece como tratamiento de elección: los niños enérgicos se transformaban en niños dóciles.

En el año 1968 se incluyó la “reacción hipercinética de la infancia” en el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM) y desde entonces forma parte de dicho manual, sólo queahora recibe el conocido nombre de Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

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El logro de Eisenberg y sus colaboradores fue conseguir que la gente creyera que elTDAH tiene causas genéticas, que es una enfermedad con la que se nace. Él mismo dijo, junto con las palabras en que decía que era una enfermedad inventada, que la idea de que un niño tenga TDAH (entendemos que la idea de que un niño sea muy movido y sea un alumno problemático) desde el nacimiento estaba sobrevalorada. Sin embargo, al conseguir que esto calara en la población y en los padres, el sentimiento de culpa desaparece, los padres se sienten aliviados porque el niño ha nacido así y el tratamiento es menos cuestionable. En 1993 se vendieron en las farmacias alemanas 34 kg de metilfenidato. En el año 2011 se vendieron 1.760 kg.

El conocido psiquiatra, que llegó a hacerse cargo de la gestión del servicio de psiquiatría en el prestigioso Hospital General de Massachusetts en Boston, donde fue reconocido como uno de los más famosos profesionales de la neurología y de la psiquiatría del mundo, decidió confesar la verdad meses antes de morir afectado de un cáncer de próstata, añadiendo que lo que debería hacer un psiquiatra infantil es tratar de determinar las razones psicosociales que pueden producir problemas de conducta. Ver si hay problemas con los padres, si hay discusiones en la familia, si los padres están juntos o separados, si hay problemas con la escuela, si al niño le cuesta adaptarse, por qué le cuesta, etc. A todo esto añadió que, lógicamente, esto lleva un tiempo, un trabajo y acompañado de un suspiro concluyó: “prescribir una pastilla contra elTDAH es mucho más rápido” (a lo que yo añadiría “y mucho más ventajoso para el negocio de la psiquiatría”).

El negocio de la psiquiatría

Como he dicho al principio de la entrada parece que la psiquiatría es un monstruo capaz de llevarse cualquier cosa por delante, con un hambre voraz, que no se detiene y quehará todo lo posible por tratar de conseguir que toda persona sana acabe tomando una u otra medicación para tratar su (no) enfermedad. Se les ve el plumero, y una prueba más de ello es que ya existe la próxima enfermedad que será difundida por toda la infancia: el trastorno bipolar o enfermedad maníaco-depresiva.

Hasta los años noventa era una afección desconocida en los niños. Ahora ya es uno de los diagnósticos más frecuentes en psiquiatría infantil, hasta el punto que las visitas por este trastorno se han multiplicado por 40 en menos de diez años, siendo muchos de los “enfermos” niños de dos y tres años.

Uno de los responsables de la llegada del trastorno bipolar a EE.UU. es el psiquiatra Joseph Biederman, que lleva años haciendo estudios y conferencias sobre el tema y que recibió 1,6 millones de dólares entre el año 2000 y el 2007, procedentes de las farmacéuticas que fabricaron los medicamentos para dicho trastorno, al parecer para dedicarlos a seguir investigando la enfermedad.

Pero esto no es todo. Para conocer el alcance real del negocio de la psiquiatría, para ver hasta qué punto se inventan las enfermedades para luego poder dar los fármacos que ya existen, un estudio realizado por la psicóloga estadounidense Lisa Cosgrove reveló que, de los 170 miembros del grupo de trabajo del DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), es decir, los que hacen el manual de psiquiatría de referencia mundial, 95 (el 56%) tenía una o más relaciones financieras con las empresas de la Industria Farmacéutica.

¿Existe el TDAH?

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Yo no sé si existe o no existe (y eso que el que la inventó dice que no), ni tampoco me toca a mí responder a esta pregunta, sin embargo estoy seguro de que son muchos los niños diagnosticados cuyo único pecado ha sido ser demasiado movidos, o ser demasiado insistentes a la hora de demandar de sus padres un poco más de atención. Ya hace más de dos años os ofrecí dos entradas en las que explicaba cómo se diagnostica el TDAH, para que vierais que no existe ninguna prueba diagnóstica de ningún tipo que determine que un niño tiene el mencionado trastorno. Todo se hace en base a la observación y en base al cumplimiento o no de unos criterios o parámetros que los niños normales deben hacer.

Ahora bien, ¿qué es ser normal? Krishnamurti dijo que “no es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”, así que quién sabe, quizás los niños que se rebelan ante el intento de domesticarles, aquellos que no soportan estar sentados escuchando cosas que no les interesan, aquellos que preferirían poder decidir qué hacer en sus vidas en todo momento, aquellos que quieren probarlo todo y no dejarse nada, quizás sean al fin y al cabo los más cuerdos.

No digo que ninguno de estos niños no tengan nada. No digo que no necesiten ayuda, porque es muy probable que muchos de ellos tengan muchos problemas, pero nunca he creído en la existencia de un trastorno que afecte al 10% de los niños y mucho menos he creído en la cura milagrosa del metilfenidato, porque si bien los niños cambian su comportamiento, los problemas que hicieron que el niño funcionara de un modo no aceptado siguen ahí.

Fuente :  World Public Union

http://periodismoalternativoblog.wordpress.com/2013/05/25/el-psiquiatra-que-descubrio-el-tdah-confeso-antes-de-morir-que-es-una-enfermedad-ficticia/?utm_source=feedly

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Por-que-los-ninos-son-mas-competitivos-que-las-ninas-1_1.jpgISTOCKPHOTO/THINKSTOCK

¿Por qué los niños son más competitivos que las niñas? Es una pregunta de difícil respuesta, como todas las relacionadas con el comportamiento humano. ¿Nunca has visto que en general los niños juegan en grupo, y las niñas en pareja? Pues parece ser que esa es la clave de la competitividad, que está arraigada en nosotros a lo largo de la historia.

Los hombres son biológicamente más competitivos

Según Joyce Benenson, biólogo evolutivo de Harvard, el tema de la competencia en los hombres viene desde hace muchos años atrás. Como los hombres cazaban en grupos, tenían que aprender a trabajar de esta forma, llevarse bien, y este rasgo necesario para vivir, fue adoptado genéticamente gracias a la selección natural -si eres solitario, probablemente te coma un león-.

Los niños de entre 6 y 8 años de edad de las investigaciones jugaban aproximadamente el 80% del tiempo en grupo, mientras que las niñas lo hacían menos del 20% de su tiempo. Además, cuando ponían a dos niños en una habitación, hablaban de lo bueno que sería tener un grupo, mientras que las niñas simplemente buscaban una amiga con quien hablar.

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De esta forma, los niños son más competitivos que las niñas -e incluso más que lo que son en la edad adulta-, pero no están tan preocupados por los resultados. Pero también aprenden a comunicarse con asertividad, cosa que no sucede en las relaciones de a dos, en los que una diferencia leve de opiniones puede sonar como una amenaza.

El ansia de competir

Según un estudio realizado por Matthias Sutter y Daniela Rützler, en el instituto de investigación de Iza en Alemania, se buscó que participaran niños y niñas entre 3 y 18 años de edad. Tanto en una carrera como en unos ejercicios fáciles de matemáticas, que podían realizarse en competencia o en solitario, 3 de cada 5 niños elegían la competencia, pero solo una de cada 5 niñas lo hacía.

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Esto puede hacerse ver en la adultez como una mayor facilidad por parte de los hombres de escalar puestos, ya que las mujeres se retiran de la competencia aunque tengan las aptitudes necesarias para ganar. Además, los hombres acostumbrados a trabajar en grupo saben cómo comunicarse para hacerse oír.

Los niños son más competitivos que las niñas según este estudio porque se podría decir que lo llevan en su ADN: desde siempre las tareas de los hombres han estado orientadas al grupo, y la de las mujeres a la individualidad, de forma que ellos tienen que competir más para lograr algo.

http://www.ojocientifico.com/4391/por-que-los-ninos-son-mas-competitivos-que-las-ninas

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La cantidad de información que llega al cerebro proveniente de los órganos de los sentidos es de 11 millones de bits por segundo, pero la capacidad de información de nuestra consciencia no sobrepasa los 45 bits por segundo. Esto significa que la inmensa mayoría de nuestra actividad cerebral es inconsciente. Sin embargo, el llamado yo consciente piensa que todo lo que sucede está bajo la iluminación de la consciencia. De la misma manera que no se ha podido constatar la existencia de ese yo en ninguna parte del cerebro, es muy probable que la libertad sea también una ilusión, una construcción cerebral, ya que esa libertad va unida al yo consciente. Por Francisco J. Rubia.

La mayoría de nosotros cree que, a no ser que estemos bajo coacción o sufriendo por una enfermedad mental, todos tenemos la capacidad de tomar decisiones y hacer elecciones libremente. Con otras palabras: que estamos en posesión de lo que llamamos “libre albedrío” o voluntad libre. Que no dependemos de fuerzas físicas, ni del destino, ni de Dios. Que nuestro yo es el que decide y elige.

No obstante, parece que la neurociencia moderna piensa, al menos una parte de los neurocientíficos entre los que me encuentro, que esa creencia no es más que una ilusión, de manera que el fantasma de la falta de libertad nos acecha.

Parece evidente que nuestras decisiones y elecciones son el resultado de toda una serie de factores sobre los que no tenemos ningún control consciente: la herencia genética, las experiencias que hemos vivido y que dormitan en nuestra memoria, la mayoría de ellas implícita o inconscientemente, pero que pueden ser activadas en cualquier momento, las circunstancias actuales o los fines que hayamos planificado previamente.

En realidad, seguimos asumiendo la existencia de un homúnculo dentro del cerebro que sería el que toma las decisiones y realiza las elecciones, aunque la existencia de ese homúnculo ha sido ya rechazada desde el punto de vista neurocientífico, no sólo por la ausencia de un centro cerebral que lo albergue, sino porque exigiría la presencia de otro homúnculo dentro del primero y así sucesivamente.

En la literatura filosófica encontramos tres posturas diferentes ante el tema de la libertad: el determinismo, el libertarianismo y el compatibilismo. Determinismo y libertarianismo sostienen que si nuestra conducta está determinada, la libertad es una ilusión.

Los libertarios invocan una entidad metafísica, como el alma, como la causa de nuestros actos voluntarios y libres. Los compatibilistas afirman que tanto los deterministas como los libertarios están equivocados y que la libertad es compatible con el determinismo. Los compatibilistas admiten, pues, algo evidente: que sucesos neurales inconscientes determinan nuestros pensamientos y acciones y que ellos están a su vez determinados por causas previas sobre las que no tenemos ningún control.

Desazón por la falta de libertad

La posible falta de libertad nos provoca una desazón importante. Como dicen los anglosajones, es algo “contraintuitivo”.  De ahí que muchos hayan  recurrido a la física cuántica para evitar el determinismo, aludiendo que a nivel cuántico ese determinismo es inexistente y que la probabilidad y el azar son los que dominan ese ámbito.

Pero se ha argumentado que sustituir el determinismo por el indeterminismo o por el azar o la probabilidad no soluciona el problema, antes bien lo empeora.
La física cuántica nos dice que a nivel de las partículas elementales subatómicas no existe el determinismo, que éstas no se rigen por las leyes de Newton de la macrofísica. Las leyes de causa y efecto no rigen a ese nivel.

El problema es que el funcionamiento de las neuronas de nuestro cerebro se realiza a un macronivel regido por las leyes de Newton. Imaginémonos lo que ocurriría si, por ejemplo, trasladásemos el indeterminismo cuántico al macronivel de las sociedades.

Con otras palabras: si las decisiones o elecciones son el resultado de sucesos aleatorios, el libre albedrío tampoco existiría.

Como ya dijo Spinoza hace unos 350 años, nuestra creencia en el libre albedrío no sólo refleja nuestra impresión subjetiva y personal de control consciente sobre nuestras acciones, sino que es el resultado de nuestra ignorancia de las verdaderas causas que determinan esas acciones.

Algunos neurocientíficos, entre los que me encuentro, y también filósofos, no se asombran de la posibilidad de la falta de libertad, ya que muchas cosas en las que firmemente creemos no son lo que parecen.


La percepción, una ilusión

Todas nuestras percepciones son en realidad ilusiones, ya que no tenemos acceso ninguno a la realidad, como ya expresó hace siglos Immanuel Kant. Nuestra mente simula la realidad y prefiere, porque no tiene más remedio, ese símil de la realidad a la realidad misma.

El planteamiento de la falta de libertad en neurociencia parte de los conocidos experimentos de Benjamin Libet en los años 80 del siglo pasado. No voy a repetirlos ya que son harto conocidos, sino a hacer un breve resumen.

Cuando requerimos a un sujeto sano y normal que realice un movimiento simple podemos detectar una onda negativa en el registro de la actividad eléctrica de la corteza cerebral, onda llamada de disposición o de preparación motora, que comienza varios cientos de milisegundos antes de que se produzca el movimiento. La impresión subjetiva de querer realizar el movimiento es posterior y está más cerca del movimiento que del comienzo del potencial preparatorio. Esta impresión subjetiva es, por tanto, así como el movimiento, el resultado de una actividad cerebral inconsciente.

Ante estos resultados, que han sido corroborados y ampliados posteriormente en otros laboratorios, Benjamin Libet planteó que en los 200 milisegundos que hay entre la impresión subjetiva y el movimiento el cerebro tenía la posibilidad de vetar ese movimiento, argumentando que un veto no es un acto voluntario y no produciría un potencial de disposición, porque si lo hacía no habría tiempo suficiente en los 200 ms entre la impresión subjetiva y el movimiento. A esto Libet lo llamó “free won’t” en vez de “free will”.

Resulta difícil aceptar que acciones negativas tengan que ser diferentes a las acciones positivas. Y, efectivamente, sujetos entrenados para dejar de hacer una determinada acción mostraron también un potencial de disposición previo al movimiento. De esta manera, la objeción de Libet quedó descartada.

Experimentos realizados en Berlín por el Profesor John-Dylan Haynes y colaboradores utilizando resonancia magnética funcional mostraron que los investigadores eran capaces de predecir 6 segundos antes de tomar una decisión cuál sería el resultado. Por supuesto que la impresión subjetiva de libertad de acción tenía lugar pocos milisegundos antes de la decisión, como en el experimento de Benjamin Libet.

Predomina el cerebro inconsciente

Estos resultados son difíciles de compaginar con el sentido que tenemos que somos los autores conscientes de nuestras acciones. Antes de ser conscientes de nuestros actos el cerebro ya ha determinado lo que vamos a hacer, pero creemos que esa toma de consciencia es la causa de nuestra acción.

Para la mayoría de las personas, estos resultados son sorprendentes. Sobre todo porque la falta de voluntad resulta no sólo algo molesto, sino como dije antes contraintuitivo para la mayoría de las personas. En neurociencia ya no lo son tanto, ya que sabemos que tanto el movimiento como la impresión subjetiva de la voluntad son resultado de la actividad cerebral, y la inmensa mayoría de esa actividad cerebral discurre de manera inconsciente.

Aparte de ello, los términos que son corrientes en filosofía no tienen un correlato exacto en neurociencia. Por ejemplo, “propósito” o “intencionalidad” son términos cercanos a “libertad”, pero en neurociencia no decimos, para poner sólo un ejemplo, que tenemos el reflejo corneal, que hace que parpadeemos cuando tocamos la córnea, para proteger el ojo. Eso es una forma de pensamiento teleológico que no constituye ninguna explicación del mecanismo del reflejo.

Tampoco podemos decir que las raíces de una planta absorben el agua con el propósito de llevar agua a sus hojas. O que el corazón tiene el propósito de llevar la sangre a los tejidos del organismo.

Se ha calculado la cantidad de información que llega al cerebro proveniente de los órganos de los sentidos. Es de poco más de 11 millones de bits por segundo. Sin embargo, la capacidad de información de nuestra consciencia no sobrepasa los 45 bits por segundo; cuando calculamos disminuye incluso a 12 bits por segundo.

Esto significa que Sigmund Freud se quedó corto y que la inmensa mayoría de nuestra actividad cerebral es inconsciente. Nuestros pensamientos e intenciones emergen de causas profundas de las que no somos conscientes y sobre las que no tenemos el mínimo control. Además, el llamado yo consciente se atribuye funciones que no le corresponden, ya que pensamos que todo lo que sucede está bajo la iluminación de ese foco de la consciencia. Este tema de la consciencia es importante como veremos luego para rebatir los argumentos de los compatibilistas.

Aunque de manera continua notamos cambios en nuestras experiencias, pensamientos, estados de ánimo, percepciones, conductas, etc., no somos conscientes de los estados neurofisiológicos que los producen.

¿Es posible entonces que nuestra impresión subjetiva de libertad no sea correcta? Claro que es posible. Otras impresiones subjetivas han resultado ser falsas, y no sólo me refiero a las ilusiones ópticas, sino, por ejemplo, a que el sol girase alrededor de la tierra, creencia mantenida desde Aristóteles en el siglo IV a.C. hasta Copérnico en el siglo XVI. Veinte siglos nada menos con una impresión subjetiva falsa. Y todavía hoy decimos que el sol sale por Oriente y se pone por Occidente.


La libertad, parte de la ilusión del yo

La libertad es una parte de la ilusión del “yo”, es decir, de la existencia de una persona u homúnculo que controla todo lo que sentimos y obramos. Y de la misma manera que no se ha podido constatar la existencia de ese yo en ninguna parte del cerebro, es muy probable que la libertad sea también una ilusión, una construcción cerebral, ya que esa libertad va unida al yo consciente.

Uno de los mejores ejemplos de pérdida del sentido de libertad es el hipnotismo. Aquí, se producen movimientos inducidos por el hipnotizador sin que el sujeto tenga la impresión de voluntad. Es algo parecido a lo que ocurre en el síndrome de la mano ajena, en el que el paciente, debido a una lesión cerebral, tiene la convicción que su mano es movida por otra persona o controlada desde fuera de él.

En el caso del hipnotismo es muy curioso lo que ocurre cuando el experimentador hipnotiza a una persona y le ordena que camine a gatas por el suelo. Si lo despierta en ese momento y le pregunta al sujeto que qué hace en el suelo a gatas, el sujeto dice que estaba buscando una moneda que se le había caído. Es un ejemplo del yo consciente, que es un intérprete, como dice Michael Gazzaniga, o habría que decir incluso un mistificador. Es intérprete porque se inventa una historia plausible ya que desconoce las causas de esa conducta. Y es mistificador porque está engañando al afirmar algo que no es cierto.

Cuando estimulamos ciertas regiones del cerebro y hacemos que se muevan las extremidades, el sujeto tiene la impresión de que es él el que voluntariamente provoca los movimientos, aunque sea falso. Sin embargo, en otros casos, como cuando se estimula directamente la corteza motora del cerebro,  se producen movimientos que el sujeto sabe que no son inducidos
por él.

En todos estos casos la conclusión es que la impresión subjetiva de voluntad y el propio movimiento no son simultáneos en el tiempo, como vimos en los experimentos de Libet, pero tampoco en el espacio, es decir, no tienen su origen en las mismas regiones cerebrales. Pueden ir juntos en algunos casos, pero en otros no, lo que indica que su localización es distinta.

Las posturas ante el tema de la libertad son muy diferentes, pero las principales se resumen en el determinismo, que afirma que estamos determinados, como el resto del universo por las leyes físicas, lo que incluye el cerebro, lo que llevó a Einstein a preguntarse que por qué el cerebro iba a ser una excepción.

El determinismo cree que todos los sucesos, incluidas las acciones humanas, están predeterminadas, una noción que es incompatible con la libertad. Hay que diferenciarlo del fatalismo
que es la creencia de que todo suceso, pasado, presente y futuro, ya está predeterminado por Dios o por otra fuerza omnipotente; es lo que en religión se denomina predestinación. El fatalismo lleva a la inacción total, ya que todo esfuerzo por nuestra parte sería inútil. Y quedarse sentado observando los acontecimientos es ya una elección que tendrá sus consecuencias.

Que nuestras elecciones dependan de causas previas no significa que no importen.

Cuento árabe sobre el fatalismo

Un ejemplo de fatalismo lo tenemos en el antiguo cuento árabe que refiere el escritor Somerset Maugham en su obra de teatro Sheppey:

“Había un mercader en Bagdad que envió a su criado al mercado a comprar provisiones, y al cabo de poco tiempo el criado volvió con la cara blanca y temblando y dijo: Maestro, justo ahora cuando estaba en la plaza del mercado fui empujado por una mujer que estaba entre el gentío, y cuando me volvía vi que era la Muerte la que me había empujado. Me miró e hizo un gesto amenazante; ahora, préstame por favor tu caballo que me voy de la ciudad para evitar mi destino. Voy a ir a Samarra y allí la Muerte no me encontrará. El mercader le dejó el caballo y el criado se montó en él, clavó las espuelas en sus costados y se marchó tan veloz como podía galopar el caballo. Entonces el mercader se fue al mercado y vio a la Muerte entre la multitud, se acercó y le dijo: ¿Por qué hiciste un gesto amenazador a mi criado al que viste esta mañana? Eso no fue un gesto amenazador, respondió la Muerte, sólo fue una expresión de sorpresa. Estaba asombrado de verlo en Bagdad, porque yo tenía una cita con él esta noche en Samarra.

Otro grupo de filósofos, los llamados libertarios, afirman que somos completamente libres, algo que hoy mantienen pocos.

Y, finalmente los compatibilistas, que sostienen que aunque estamos sometidos a las leyes físicas que rigen el universo, somos libres. Como este grupo es el que más se oye últimamente, me voy a detener en sus argumentos.

Los compatibilistas insisten en que la libertad, la responsabilidad moral y nociones semejantes son compatibles con el determinismo. Por ejemplo, afirman que la mayoría de las personas en Occidente que eligen estudiar una carrera lo hacen libremente y son responsables moralmente de esa elección, aunque sea el producto de deseos y creencias.

Desde luego no creo que sea mi caso. Yo iba decidido a estudiar ingeniería industrial y estuve todo el verano tomando clases particulares de dibujo y matemáticas para decidir poco antes de la matriculación en septiembre que iba a estudiar medicina. Todavía hoy no sé por qué tomé esa decisión.

Estamos, por tanto, ante uno de los problemas que plantea el compatibilismo. El tema de la consciencia en la toma de decisiones y la libertad y la responsabilidad moral.

El filósofo estadounidense Sam Harris dice que el concepto popular de libertad se basa en dos supuestos: 1) que cada uno de nosotros puede actuar de manera diferente a como lo hace, y 2) que nosotros somos la fuente consciente de la mayoría de nuestros pensamientos y acciones. Ambos supuestos, dice, son falsos.

O nuestras voluntades están determinadas por causas previas y no somos responsables de ellas, o son el producto del azar y tampoco somos responsables de ello.

Aun suponiendo que la mente fuera un alma inmaterial, las operaciones inconscientes de ese alma no garantizarían más libertad que las que nos proporciona la fisiología inconsciente de nuestro cerebro. Si no sabemos lo que ese alma va a hacer en el momento siguiente tampoco tenemos control sobre nuestras acciones.

El significado de tener libertad

Pensemos lo que significaría tener libertad. Necesitaríamos ser conscientes de todos los factores que determinan nuestros pensamientos y acciones y tener un control absoluto sobre ellos.

Sam Harris dice que podemos decidir lo que hacemos, pero no podemos decidir lo que queremos decidir hacer. Con otras palabras: no controlamos nuestra mente porque como agentes conscientes somos sólo una parte de esa mente. Somos libres de hacer lo que queremos hacer, pero ¿de dónde vienen los deseos de hacer algo? Cuando ahondamos en las causas psicológicas de nuestras decisiones nos enfrentamos siempre al misterio. El filósofo alemán Schopenhauer decía que el hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer lo que quiere.

Pasemos ahora a ocuparnos de los argumentos de los compatibilistas. Según éstos, para que una persona sea libre tienen que cumplirse tres condiciones.

La primera es que la persona tiene que tener varias alternativas a elegir y que puede elegir algo diferente a lo que elige. Es la condición de poder actuar de otra manera.

En este argumento, a mi entender, se confunde la libertad con los grados de libertad. Todos los animales tienen la capacidad de elección, pero no todos tienen los mismos grados de libertad. A medida que el sistema nervioso central se desarrolla a lo largo de la evolución, se hace más complejo, aumentan los grados de libertad, de manera que los humanos tenemos más grados de libertad que otros mamíferos, y éstos que los anfibios, etcétera.

Pero el hecho de disponer de varias opciones no significa que se tenga libertad para escogerlas. Ciertamente, podemos elegir entre varias opciones, pero el problema no es la oferta de opciones sino por qué elegimos una opción y no otra; en otras palabras: si la elección ha estado determinada por la llamada libertad o por condicionamientos que no son conscientes para el individuo. Si identificamos los grados de libertad con lo que llamamos libertad, entonces todos los animales son libres.

En relación con esta condición que sostiene que la persona es libre si pudiera haber querido hacer otra cosa, el filósofo estadounidense, Sam Harris, dice que eso es como decir que una marioneta es libre mientras esta quiera las cuerdas que la manejan.

La segunda condición de los compatibilistas para que exista libertad es que la decisión debe depender de la propia persona, llamada también la condición de autoría.

Aquí no se hacen distinciones entre funciones conscientes e inconscientes. Ahora bien, si la conducta de una persona está controlada por impulsos inconscientes no decimos que la persona es libre, al menos así lo entiende la psicología. Ante dijimos que los compatibilistas aceptaban lo evidente, a saber que los sucesos neurales inconscientes determinan nuestros pensamientos y acciones y que éstos están a su vez determinados por causas previas sobre las que no tenemos ningún control.

Pues, a pesar de ello, el filósofo estadounidense, Daniel Dennett, sostiene que todos somos responsables no sólo de los actos conscientes, sino también de los sucesos inconscientes de nuestro cerebro que son tan nuestros como los primeros. El que no seamos conscientes de las causas de nuestras acciones no niega la libertad. Esto es el argumento de la autoría llevado al extremo.

Ante este argumento podría decirse que no nos consideramos responsables de lo que hace el riñón o el hígado, que funcionan de manera inconsciente, pero que también son nuestros. En realidad, en el sentir popular de lo que hacen nuestros órganos internos nos sentimos más bien las víctimas que las causas. Algún filósofo preguntó: ¿Somos también responsables de lo que hacen nuestras bacterias intestinales porque son nuestras?

La tercera condición de los compatibilistas es obvia: que lo que decida la persona tiene que estar sometido a su control y ese control debe estar libre de cualquier tipo de coacción. Es lo que se ha llamado también la condición de control. Esta condición contradice en parte a la condición de autoría. Y la condición es total si en vez de control se dijese “control consciente”.

Siempre me ha llamado la atención lo contraintuitivo que resulta decir que es posible que no tengamos libertad, desde luego en el sentido en el que solemos usar esa palabra. Sin embargo, a nadie le llama la atención que no tengamos control alguno consciente sobre lo que almacenamos en la memoria, cuando esos contenidos van a ser claves para el futuro del organismo.

Cualquier vivencia es comparada automáticamente con esos contenidos para poder decir, desde luego inconscientemente, si suponen un peligro para la supervivencia del organismo o no. Esta comparación también es completamente inconsciente. Hay que decir que la memoria es mucho más importante que la libertad desde el punto de vista biológico.

La impresión de la libertad, una ilusión

En resumen, que los experimentos realizados hasta ahora, primero con la electroencefalografía, luego con técnicas modernas de neuroimagen, como la resonancia magnética funcional y la tomografía por emisión de positrones o PET, han arrojado resultados que indican que la impresión subjetiva de libertad es una ilusión.

Si experimentos futuros apuntasen a la existencia de la libertad, tendríamos que cambiar de opinión, pero hoy por hoy no veo ningún argumento satisfactorio, y tampoco ningún experimento, que eso indique.

Las consecuencias de esta afirmación son múltiples y en muchas disciplinas: en religión, en el derecho penal, en bioética y en muchas otras.

Ya en Estados Unidos ha habido casos en los que sujetos que habían delinquido afirmaron que no habían sido ellos, sino su cerebro. Por eso algún neurocientífico ha dicho que tendríamos que hacer “como si” la libertad realmente existiese.

El filósofo Saul Smilansky dice que para mantener nuestros mundos moral y personal intactos necesitamos la ilusión de la libertad. La ilusión nos ayuda a mantener, y en parte incluso a crear, aspectos cruciales de nuestra realidad moral y personal. Entendiendo por ilusión una definición de diccionario que reza: una idea o concepción falsa; una creencia u opinión que no está de acuerdo con los hechos.

El concepto que Smilansky tiene de ilusión es parecido al que expresó Sigmund Freud en su obra El porvenir de una ilusión, o sea ilusión en la que el cumplimiento de un deseo es el factor prominente de su motivación ignorando, de esta manera, sus relaciones con la realidad.

En el libro del filósofo alemán Hans Vaihinger Die Philosophie des Als Ob  (La filosofía del como si), el autor habla de “praktische Fiktionen” (ficciones prácticas). Ya al comienzo de este capítulo Vaihinger nos dice: “en el umbral de estas ficciones nos encontramos enseguida uno de los conceptos más importante que la humanidad ha formado: el concepto de libertad; las acciones humanas se consideran libres y por ello responsables y enfrentadas al curso necesario de la naturaleza… El concepto contradice no sólo la realidad observada, en la que todo sigue leyes inmutables, sino a sí mismo: pues una acción absolutamente libre, fortuita, que surge de la nada, es moralmente tan sin valor como una acción absolutamente necesaria…La humanidad ha desarrollado estos importantes conceptos a lo largo de su desarrollo por necesidad psíquica inmanente, porque sólo sobre su base es posible la cultura y la moralidad”.

Vaihinger, que publicó su libro en 1911, cita a varios autores que son de la misma opinión y menciona que durante siglos ha estado vigente la libertad no sólo como hipótesis, sino incluso
como dogma irrefutable. Critica también que se niegue teóricamente la libertad, pero que se la coloque en la práctica como fundamento del derecho penal.

En su opinión si tiene que haber castigo tiene que tener lugar también la culpa, pero ésta no existe si se niega la imputabilidad y la libertad.

En realidad, la filosofía del “como si” se practica en España hace tiempo. Hacemos como si fuésemos demócratas, como si fuésemos europeos, como si nos preocupase el interés general, como si los cuatro poderes fuesen independientes, como si nos interesase la investigación y el desarrollo, etcétera, etcétera.

Resumiendo mi opinión sobre el tema de la libertad yo diría: una cosa es hacer como si fuésemos libres para mantener el orden y la cohesión en la sociedad, y otra muy distinta es creernos nuestros propios engaños. Algunos autores han comparado la mente con un avión que vuela con un piloto automático. Todas las difíciles operaciones y cálculos necesarios se realizan fuera de nuestro control. A muchas personas este hecho les infunde un terrible miedo a volar. Preferirían un piloto consciente que controlase todas las operaciones. Es un deseo pío, pero que no coincide con la realidad.

En Alemania aprendí el siguiente dicho: “El que en la oscuridad del bosque silba puede que auyente su miedo, pero no por eso va a ver más claro”.

Francisco J. Rubia Vila es Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, y también lo fue de la Universidad Ludwig Maximillian de Munich, así como Consejero Científico de dicha Universidad. Texto de la conferencia pronunciada por el autor en el Congreso Internacional de Bioética, celebrado en Valencia, 14 de noviembre de 2012.  La conferencia se publicó originalmente en el Blog Neurociencias   que el autor edita en Tendencias21.

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Nuestro cerebro relaciona melodías alegres con tonos cálidos y vivos; y melodías tristes con tonos oscuros

Nuestros cerebros están diseñados para establecer conexiones entre la música y el color, en función de cómo nos hacen sentir las melodías, ha revelado una investigación de la Universidad de California en Berkeley (UC Berkeley), Estados Unidos. El estudio se realizó con 100 personas de México y EEUU, y sus hallazgos podrían tener implicaciones para las terapias creativas, para la publicidad e incluso para los dispositivos reproductores de música. Si éstos combinaran imágenes y melodías teniendo en cuenta las emociones, podrían provocar experiencias más intensas, afirman los autores de la investigación.


Imagen: Alexey Klementiev. Fuente: PhotoXpress.

Imagen: Alexey Klementiev. Fuente: PhotoXpress.
Nuestros cerebros están diseñados para establecer conexiones entre la música y el color, en función de cómo nos hacen sentir las melodías, ha revelado una investigación de la Universidad de California en Berkeley (UC Berkeley).

Por ejemplo, el vivaz concierto para flauta nº1 en sol mayor de Mozart se asocia más con el color amarillo brillante y con el color naranja, mientras que su Réquiem en re menor suele relacionarse con colores más oscuros, como el gris azulado.

Por otra parte, el estudio ha constatado que personas de distintos sitio – en este caso, de Estados Unidos y de México- vinculaban las mismas piezas de música clásica con los mismos colores. Esto sugiere que los seres humanos comparten una “paleta” emocional común que parece ser intuitiva y trascender las barreras culturales, afirman los autores de la investigación en un comunicado de la UC Berkeley.

“Los resultados obtenidos han sido firmes y consistentes en todas las personas y culturas y señalan claramente el importante papel que juegan las emociones en la forma en que el cerebro humano vincula la música con los colores “, explica Stephen Palmer, autor principal de un artículo sobre el estudio publicado por Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Utilizando una paleta de 37 colores, los investigadores comprobaron que la gente tiende a asociar la música con un ritmo rápido y en modo mayor con tonos vivos de amarillo; mientras que la música de ritmo más lento y en modo menor tiende a ser relacionada con tonos más oscuros del gris y del azul.

“Sorprendentemente, se puede predecir con un 95% de exactitud lo alegres o tristes que serán los colores que los individuos seleccionarán a partir del tono emocional de la música que escuchan”, afirma Palmer, quien presentará estos y otros hallazgos en la International Association of Colour conference aic2013.org/ que se celebrará el próximo ocho de julio en la Universidad de Newcastle, en el Reino Unido.

En esta conferencia, un espectáculo de luces de color acompañará la actuación de la Orquesta Northern Sinfonia para mostrar “los patrones que provoca la convergencia de música y color en los circuitos neuronales que registran las emociones”.

Entender la sinestesia

Estos hallazgos podrían tener implicaciones para las terapias creativas, para la publicidad e incluso para los dispositivos reproductores de música.

Por ejemplo, se podrían desarrollar visualizadores de música electrónica con un mayor efecto emocional o programas informáticos que generen imágenes animadas sincronizadas con la música. Ahora mismo, los colores y patrones de estos dispositivos se generan de manera aleatoria sin tener en cuenta las emociones humanas, explican los científicos.

Por otra parte, el hallazgo podría ayudar a comprender la sinestesia, un trastorno neurológico que hace que la estimulación de un sentido, como el oído al escuchar música, provoque percepciones automáticas en otros sentidos.

Un ejemplo de sinestesia fue el retratado en la película de 2009 El Solista, en la que el violonchelista Nathaniel Ayers ve una interacción fascinante de colores que giran cuando escucha una sinfonía. Artistas como Wassily Kandinksky y Paul Klee reflejaron este cruce perceptivo que supone la sinestesia en sus obras, como si “pintaran” sonidos con los colores que empleaban.

Experimento realizados 

En el presente estudio participaron 100 hombres y mujeres, de los cuales la mitad residía en la bahía de San Francisco (EEUU) y la otra mitad en Guadalajara, México. En tres experimentos, los voluntarios escucharon 18 piezas de música clásica de compositores como Johann Sebastian Bach, Wolfgang Amadeus Mozart o Johannes Brahms. Estas piezas variaban en tempo (lento, medio, rápido) y en las claves.

En el primer experimento, se pidió a los participantes que eligieran cinco de los 37 colores -de la paleta presentada- que ellos pensaban coincidían mejor con la música que oían. La paleta estaba compuesta por tonos vivos, claros, medios y oscuros de rojo, naranja, amarillo, verde, verde amarillento, verde, verde azulado, azul y morado.

Los participantes escogieron, de manera sistemática, colores cálidos y vivos cuando escucharon música alegre y vivaz; y colores oscuros y apagados cuando oyeron piezas tristes o sombrías. Por otra parte, calificaron cada pieza musical en una escala que iba de la alegría a la tristeza, de fuerte a débil, de animado a triste; y de enojado a calmado.

Los resultados de dos experimentos posteriores, en los que los voluntarios debían relacionar expresiones faciales con músicas y colores, respaldan asimismo la hipótesis de los investigadores de que “las emociones comunes son responsables de las asociaciones entre música y color”, explica Karen Schloss, coautora del artículo de PNAS.

En este caso, la música alegre en modo mayor fue asociada constantemente con caras de aspecto feliz, mientras que la música triste en modo menor se relacionó con caras tristes. Igualmente, las caras felices fueron vinculadas con el amarillo y otros colores brillantes; y los rostros enojados con tonos rojos oscuros.

Palmer y su equipo planean ahora investigar a personas de Turquía, donde la música tradicional emplea una amplia gama de escalas. “Sabemos que en México y EEUU las respuestas son muy similares. Pero aún no sabemos cómo será la respuesta en otros países, como China o Turquía”, explican.


Referencia bibliográfica:

S. E. Palmer, K. B. Schloss, Z. Xu, L. R. Prado-Leon. Music-color associations are mediated by emotion. Proceedings of the National Academy of Sciences (2013). DOI: 10.1073/pnas.1212562110.

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Científicos de la Universidad de Oxford sometieron el cerebro de algunos niños en edad escolar a impulsos eléctricos durante las clases de matemáticas. El sorprendente tratamiento hizo aumentar sus habilidades numéricas en un tercio.

El equipo de Oxford llevó a cabo el experimento con 51 escolares, de los que aproximadamente la mitad accedió a que una corriente eléctrica de poca intensidad pasara por su cerebro durante una lección de matemáticas.

Después de solo cinco sesiones, los niños sometidos al tratamiento aprendieron nuevas operaciones y tablas de multiplicar mucho más rápido que los que estudiaron con el método convencional.

Los participantes en el estudio no solo calculaban de cabeza con más velocidad, sino que también aprendían aritmética hasta cinco veces más rápido.

El efecto del insólito tratamiento duró hasta seis meses después de los primeros experimentos.

El investigador principal, el doctor Roi Cohen Kadosh, del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford, explica que el equipo quería encontrar una manera de ayudar a las personas con habilidades matemáticas limitadas.

“El estudio nos ha permitido descubrir una forma segura y barata de hacer que la gente mejore en matemáticas con una intervención limitada que ya funciona con éxito en los estudiantes universitarios, pero ahora tenemos que comprobar si es eficaz en la población en general”, dijo Kadosh.

“Estamos estimulando la parte del cerebro que se utiliza para las matemáticas, ya que hay mucha gente que tiene un nivel muy bajo de aritmética” añadió.

Se estima que a una de cada cinco personas le supone un gran esfuerzo entender la aritmética básica, mientras que una de cada 15 sufre de discalculia, un trastorno que impide realizar acciones tan cotidianas como contar el cambio y que puede provocar problemas de autoestima, de contracción de deudas o incluso condenar al desempleo.

Aún no está claro cómo funciona la estimulación eléctrica, pero el experimento sugiere que la técnica aumenta el suministro de oxígeno y de nutrientes al cerebro.

Al final del experimento, los investigadores encontraron que las personas expuestas al tratamiento eran dos veces más rápidas en el aprendizaje de aritmética y hasta cinco veces más rápidas cuando se trataba de las tablas de multiplicar.

http://actualidad.rt.com/ciencias/view/94674-electrica-aumente-habilidades-matematicas-estudiantes?utm_source=feedly

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